Et omnia vanintas

“Vanitas vanitatum, et omnia vanitas”, creo que es un pasaje de la Biblia, algo del Rey Salomón. Es de las pocas cosas que sé decir en latín, eso y “pedicabo ego vos et irrumabo”, pero eso es una grosería. Después de tres años de latín (de la LOGSE, yo no tengo la culpa de haber nacido en la generación nini) uno esperaría algo más, rosa, rosae, rosam, pero me temo que no. “Vanidad de vanidades, y todo es vanidad”. Es algo que me resigno a aceptar. Todos somos vanidosos, y los peores, los artistas. A los escritores se nos nota especialmente, no es fácil disimular ciertas cosas cuando tienes que hacer uso constante de palabras, y si- como es mi caso- estas palabras fluyen después de ingerir una cierta cantidad de alcohol, ocultar el yoismo es incluso más complicado. Pues bien, aceptémoslo pues: este blog- y todos- tienen mucho de vanidad, de exhibicionismo, de mira quién soy, aquí estoy porque he venido.

Yo (me gustan las frases que empiezan con esta palabra) nunca he sido muy amigo de unirme al multiexcéntrico mundo de la farándula literaria, de los autores orgullosos, de las entrevistas con frases sabias, de las fotos estupendísimas para la solapa del libro; de todas esas cosas que he aprendido a odiar. Pero cada día empiezo a sospechar que cometo el pecado de la envidia, después de todo, qué autor no desea en el fondo un poco de ese reconocimiento vanidoso, y el orgullo de citar sus influencias como un pavo real que extiende su cola, orgulloso de su abanico de referencias e irónicas puntualizaciones. Habrá que aceptar que los de mi gremio somos todos un poco así, nos gusta pavonearnos. No somos  los más guapos, tenemos celos de los modelos y los actores, ellos lo tienen mucho más fácil.

Así que hace falta un blog. Hace falta porque, aunque uno quiera ponerse un batín burdeos y sentirse superior a la burda sociedad, en el fondo el que escribe quiere llegar a los demás. Las torres de marfil pierden el glamour cuando llevas mucho tiempo en ellas, y además en esta época salen caras de cojones. ¡Mi soñado balcón veneciano bajo la lluvia! Me temo que no lo tendré nunca. Ni una jirafa en un palacio, ni un cántaro de vino sufí, ni una final maldito en una bohardilla de París, muerto por sobredosis entre los cadáveres de las musas y el hada del absenta.

Siglo XXI. El maliditismo está muy demodé. Que tengo que hacer un blog, pues lo hago. Un blog lleno de cosas: que si relatos, que si poemas, que si viñetas o ensayos, y todo escrito por mí, yo, yo, yo, viva yo hablando de mi mismo. Lo haré lo mejor que pueda, y os intentaré mantener entretenidos en este cajón desastre donde van a parar los pensamientos, delirios, sueños y pesadillas de la vanidad de las vanidades. Y todo es vanidad.

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