Gatos encaramados: La historia de Monsieur Chat

“Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue
de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen
que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su
quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las
sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta
calcinarnos.”

– Julio Cortázar, Rayuela

Desde hace unos años, la sonrisa de M.Chat ha sido toda una fuente de inspiración para mí. Este documental, parco en palabras, pero puro en imágenes, explica un poco quién es esta figura que tanta fascinación produce.

¿Quién es M.Chat? ¿Por qué éste graffitti cubre tantísimas calles de París? En la Francia post-11S, estos gatos invadieron la ciudad prácticamente de la noche a la mañana. Con una autoría anónima, M.Chat iba saltando de tejado en tejado, de andén en andén, debajo de los puentes del canal de St Martin o incluso en los árboles de la Quai des Tulleries. La prensa se hizo eco de la noticia, y pronto en todos los diarios del país se hablaba de estos extraños gatos sonrientes que se multiplicaban a toda velocidad llenando de sonrisas el paisaje parisino. M.Chat empezó como una anécdota de arte callejero que sirvió para llenar unas pocas páginas de periódicos, o columnas de opinión en que se celebraba a M.Chat como representante del arte urbano, así como otros que acusaban de vándalos a las decenas de artistas callejeros que, igual que gatos abandonados, saltaban de tejado en tejado dejando como señal la enorme sonrisa de M.Chat.

Poco después llegó su presencia en manifestaciones. Entre llamadas a la huelga, protestas antiglobalización, o gritos contra las guerras que un cowboy alcohólico y un chupa-té dentudo promocionaban cómo única manera de liberar al “mundo libre” de los peligros del fanatismo religioso. M.Chat llenaba pancartas a través de todo París, pancartas sin eslóganes ni lemas políticos, sólo la sonrisa del gato planeando por encima de las cabezas de manifestantes. Mientras, por los tejados, más efigies del gato contemplaban las riadas de gente exigiendo algo así como otro mundo posible. Pronto ya no podría haber vuelta atrás, M.Chat se había vuelto un símbolo de rebelión, y cada vez que desde el metro o caminando por la calle uno veía la sonrisa del señor gato, ineludiblemente sentía ganas de emular esa sonrisa, quebrantar a través de la ironía toda norma gris o imposición de la Gran Costumbre, de lanzarle al mundo una sonrisa afilada y un poco maliciosa.

Las autoridades tenían que reaccionar, por supuesto: estos actos vandálicos se convirtieron en una reacción contra el sistema, y como tal eran censurados, y funcionarios de la limpieza se dispusieron a cazar a M.Chat por cada balcón y cada pared de la ciudad. Ésta nueva censura nada tiene que ver con la prohibición en los medios, el secuestro de libros o la amenaza. Ésta nueva censura tomaba la forma de hombres huecos que iban borrando de París todo símbolo de alegría sincera, cualquier imagen de una sonrisa que no fuera acompañada de su debido eslogan publicitario. La sonrisa de M.Chat era peligrosa: un gato, animal independiente y autosuficiente, de un amarillo optimista, proyectaba un gesto irónico sobre la triste realidad, una invitación al cuestionamiento de lo establecido por la Gran Costumbre. Sin embargo, a medida que un M.Chat es borrado, otro aparece en otro lugar de la ciudad, ya sea hábilmente pintado o simplemente grafiteado con rotulador en alguna de las paredes de los infinitos transbordos en la estación de Bienvenue-Montparnasse.


Después llegó, por supuesto, el magnífico Chris Marker. Ayudante de confianza de Alain Resnais durante la filmación de “Nuit et brouillard”, Chris Marker fue poco a poco ganándose su reputación cómo habil documentarista, hasta que en 1953, junto con Alain Resnais, Marker firmaba “Les statues meurent aussi”, un documental sobre el arte africano que fue censurado por su potente mensaje anti-colonialista. La carrera de Marker seguramente no cuente con tantos títulos conocidos como el resto de sus colegas de la Nouvelle Vague, sin embargo es probablemente uno de sus mejores autores, a pesar de contar con pocas obras producidas, sus trabajos están altamente considerados en el mundo de la cultura, desde su corto de ciencia ficción “La Jetée”, que se puede contemplar en el museo Pompidou, hasta su obra magna, el documental filosófico “Sans Soleil”.

Chris Marker, confeso amante de los gatos, se fijó en M.Chat en su calidad de símbolo revolucionario, y se basó en él para hacer un sesudo e irónico análisis sobre la sociedad parisina durante el tumulto político que siguió al once de septiembre. El resultado de su trabajo fue “Chats perchés”, un breve documental de cuarenta minutos realizado para Arte TV, y cuya difusión en París fue realizada por el Museo Pompidou: el día de la proyección, una gigantesca pintura de M.Chat sobre el suelo de la plaza del museo anunciaba la entrada a la película. ¿Institucionalización de M.Chat, finalmente al servicio de los méritos del ministerio de cultura francés y los listillos del arte moderno? No, en absoluto: M.Chat entraba por la puerta grande en la historia del arte contemporáneo, pero gracias a Marker, la imagen de este gato no ha podido reducirse a un mero icono pop: Chats Perchés es un film combativo, provocador e irónico. Marker nos dejó este año para irse de copas con Truffaut al cielo de los directores de cine franceses.


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