Sonetos sci-fi: La invasión de los ultracuerpos

Hace un tiempo me propuse que sería petulantemente divertido hacer una serie de sonetos basados en películas de ciencia ficción, a ser posible de serie B. Es una forma un poco extraña de pasar el rato, pero cuando uno mira sus sonetos con sus versos tan acicalados, le llena esta pequeña satisfacción de haberlo conseguido. Sí, es una forma constreñida y añeja, pero a mí me gustan mucho, cuando le coges el gusto te acaban sobrando rimas y endecasílabos, y todas las vueltas de tuerca y lengua obligan a exprimir el cerebro. Mejor que un sudoku, oiga.

95BodySnatchers_1_innerbigMe gustan ciertas películas de ciencia ficción, pero las que suelen interesarme más son aquellas en las que- por una razón u otra- los personajes trascienden su humanidad y se convierten en otra cosa, algo no humano, a veces en el camino hacia la decadencia (La mosca) o a veces en una escalera hacia el cielo (2001: Una odisea en el espacio). Esta transmutación es en ocasiones verdaderamente terrorífica, como el caso que nos ocupa. Hay muchas versiones y títulos para referirse a La invasión de ultracuerpos, la película original de los años 50 (basada en una novela de Jack Finney) ha sido sometida a varios remakes; de los cuales la versión indiscutiblemente superior es aquella que realizó Philip Kaufman en 1978, protagonizada por un inquietante Donald Sutherland, cuya expresión en el último plano de la película está destinada a ser una constante en las pesadillas de los espectadores. Estos ladrones de cuerpos son aquellas fuerzas que vienen a despojarnos de nuestra humanidad, convertirnos en una cáscara vacía y obediente, perfectamente pacífica y carente de pasión. Dejar de sufrir, de amar, dejarse mecer por el día a día hasta vivir en una vida sonámbula y gris. La invasión de los ultracuerpos es una de las películas más terroríficas que he visto nunca, porque no trata de la invasión del planeta, sino del alma humana.

LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS

Sólo restan penumbras en mi casa,
lo mismo que un vampiro, sin reflejo,
soy un cuerpo vacío en el espejo,
ya no me queda más que la carcasa.

El tiempo es hielo roto, todo pasa
y deja de importar y se hace viejo,
el aire que respiro es gris añejo,
mi sangre fue a apagar la última brasa

y esta carne no espera amor alguno,
solamente es el eco de una sombra,
sobre la tierra un peso inoportuno

que sólo alivia el orden y el ayuno
que dicta este vacío que me nombra
a ser nadie, ser nada, ser ninguno.

Feliz 2013.

body_snatch_01

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: