Empecemos por los desahucios

Hay cosas que uno no puede soportar. Lo cierto es que parece que todo lo que es cruel e impío en este siglo empezó por la publicidad. Normalmente uno ve estos anuncios y musita “qué jilipollez”, así con jota, antes de volver a sus ocupaciones diarias y a comprar la marca blanca del Hacendado porque es más barato aunque tenga menos elecaseinmunitas de esos. Sí, igual mis yogures no me quitan la sensación de que Carmen Machi tiene un hinchazón, pero alimentan, y yo soy pobre.

Pero a veces la cosa se va… un poco de madre. Este es el caso del nuevo anuncio de Bankia, que no se conforma con insultar mi inteligencia (como siempre hace la publicidad), sino que insiste en meter el dedo en la llaga con la más vergonzosa muestra de buenrollismo hipócrita que he visto jamás en un anuncio, y eso ya es decir, porque he visto bastantes de Coca-Cola.

Así que después de comer me he limitado a hacer una sencilla parodia. ¿Recordáis la escena de Annie Hall en que Woody Allen y Diane Keaton mantienen una conversación mientras los subtítulos indican lo que realmente están pensando? Pues igual.

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