Papers, Please- Otro ladrillo en la pared

Publiqué este artículo el pasado septiembre en VicioJuegos. Me pregunto por qué no lo he subido antes al blog. Soy demasiado perezoso hasta para hacer un copypaste. 

 

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Otro ladrillo en la pared.

La burocracia es un invento del infierno. Esto es un hecho. Claro que la administración de cualquier país requiere de cierto control, y los formularios son inevitables; pero desde el siglo pasado hasta ahora las cosas se han puesto muy feas. ¿Por qué necesita mi mascota un pasaporte para viajar por Europa? Un pasaporte con foto. ¿Qué pasa? ¿Nos hemos vuelto imbéciles? Probablemente. O quizá se trata de algo más siniestro: las torres de formularios, permisos y procesos necesarios para realizar algunos trámites parecen hechos con mala hostia. Parecen diseñados para deshumanizarnos, para hacernos sentir impotentes y de paso librar de responsabilidad a los funcionarios del estado. Regrese mañana. Haga la cola. Volverán a estar mal, y volverá usted pasado, y otra vez hará la cola; y así hasta que se rinda, y se de usted cuenta de que no tiene poder alguno… ni el Estado te ayuda, ni el sindicato te apoya, y la banca siempre gana. Todo esfuerzo es inútil.

papersplease6La república ficticia de Arstotzka lleva esto hasta el paroxismo. Si quieres cruzar la frontera, será mejor que tengas los papeles en regla. Papers, Please es un siniestro y efectivo experimento que nos pone en la piel de un funcionario de inmigración, nuestra función es decidir quién entra en el país y quién no. Esto en principio es fácil: si los papeles están en regla, bienvenido seas, si no; regresa a tu apestoso país de pedigüeños. Si por error aceptamos a alguien que no tiene los papeles en regla, o tal vez rechazamos a alguien que sí los tiene, nuestros jefes nos multan. Al final del día repasamos nuestro presupuesto, si las cosas van bien podemos pagar el alquiler, la comida, la medicina y la calefacción. Si no, hay que hacer recortes, y nuestra familia pasará hambre, frío o incluso morirá. Hasta ahí el sistema base: hay una serie de reglas- a medida que el juego avanza son más complicadas- y aquel cuyos papeles no se adecuen al reglamento se puede volver a su casa. Nuestra función es señalar contradicciones- si las hay- y denegar o no el permiso de entrada. Comprobar nombres, pesos, descripciones, sellos, fotos y hasta huellas dactilares, cuánto más rápido mejor, puesto que nuestro sueldo depende de la efectividad. En los últimos niveles es un juego verdaderamente difícil y complicado.

Claro que las cosas se complican. ¿A quién estás negando la entrada? De pronto llega un refugiado político sin los papeles en regla. “Si regreso a mi país, me matarán”. Ah, un dilema. Si le dejamos pasar, perdemos dinero y nuestra familia sufre, ¿pero podemos condenar a alguien a muerte para pagar la maldita calefacción? El juego aprieta muchísimo las tuercas y cada buena acción requiere un sacrificio, a veces de bastante peso. Luego llega un traficante, lleva drogas pero nos ofrece un soborno mayor a nuestra penalización. Sin embargo, dejarle pasar alzará las sospechas de tus colegas de profesión. Desde la ventanilla de funcionario ves pedazos de historias que se desarrollan en el país, desde conspiraciones políticas hasta dramas familiares; y tú en medio de todo, con el poder de hacer o deshacer vidas con el uso de un sello. De pronto ya no es tan fácil.

news_photo_37783_1393273653El juego cobra entonces una dimensión mucho más profunda. Cada acción cuenta- hay más de veinte finales- y cada movimiento tiene consecuencias. ¿Qué estás dispuesto a sacrificar? ¿A ti mismo, a tu familia, a tus colegas, a tu país? El juego te lanza dilemas morales a la cara y cada vez lo hace con más crueldad. Pronto es imposible calcular a ciencia cierta las consecuencias de tus acciones, y te ves arrastrado a un universo vil que refleja lo peorcito del ser humano. Porque obviamente aquí las decidir ser bueno es más difícil que ser malo. En lugar de optar por una opción malo-bueno con consecuencias similares, Papers, Please quiere convertirte en un cabrón; te deja ser bueno pero te empuja a ser cruel. De tal manera, cada buena acción que realiza el jugador tiene un enorme valor, porque el precio a pagar suele ser alto. Bajo un gobierno totalitario y paternalista que persigue duramente cualquier disidencia, mostrar piedad puede salirte mal.

2013-08-05_00002-100049377-origA principios de los años sesenta, la filósofa alemana (y judía) Hannah Arendt escribió un libro titulado Eichmann en Jerusalén: Un informe sobre la banalidad del mal. El libro giraba en torno al juicio de Adolf Eichmann, un oficial nazi condenado en los juicios de Nuremberg. En su informe, Arendt argumentaba que Eichmann no era malo en si mismo, ni un antisemita ni una mente retorcida y cruel. El oficial nazi era un burócrata efectivo en un campo de exterminio, y sus acciones- aunque no excusables- no se debían a una maldad inherente a Eichmann, sino a una serie de circunstancias políticas y sociales. Esta capacidad para el mal de la gente normal fue uno de los temas principales de la reflexión en torno a la Segunda Guerra Mundial, puesto que Alemania había diseñado una maquinaria de exterminio tan burocratizada que miles de funcionarios fueron arrastrados a cometer las peores atrocidades bajo una retorcida legalidad vigente.

Papers, Please es la versión en videojuego de este concepto. El burócrata eres tú. Y vas a ser malo. Serás malo porque el sistema no sólo lo permite, sino que lo demanda. Nivel por nivel, el juego trata de deshumanizar al máximo al jugador, hasta conseguir convertirlo en un villano por la pura fuerza de su sistema distópico. Es deliciosamente maquiavélico, divertido y profundo a la vez, clava el puñal donde molesta y retuerce sin piedad. Totalmente novedoso y original, y perfectamente planeado, esta es una de las grandes sorpresas del año; si la estética retro y el bajo presupuesto no te echan para atrás (y espero que no sea así, pijo) este juego es simple y llanamente imprescindible.

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