The Elder Scrolls Online- El reino de la marmota

Screenshot_20140430_163100Jikan estaba cansado, después de haber pasado el día asesinando bandidos a las afueras de Daggerfall, sólo quería tomarse unas cuatro botellas de vino, mezclarlas con skooma y caer derrotado en una piscina de vómito mugriento, incapaz de comer sólidos durante los tres días consiguientes. Eso de ser un gato antropomórfico tan lejos de Elsewyr no era fácil, y lo cierto es que no le gustaba Daggerfall. Era una ciudad con colores apagados y texturas de baja resolución. Corrió por las calles para llegar cuanto antes a la taberna, y al llegar a la puerta se dio cuenta de que no podía subir las escaleras, porque su cuerpo las atravesaba. “Otra vez”, musitó Jikan, y empezó a saltar repetidas veces hasta que las escaleras se solidificaron bajo sus pies. Abrió la puerta de la taberna. Estaba vacía. No había nadie, ni siquiera veía muebles, o barriles de vino, sólo paredes desnudas. De pronto apareció una mesa. Jikan se apartó. Un Personaje No Jugable surgió súbitamente a su lado y le empezó a hablar.

– Hola, mi nombre es Erika. Soy la camarera de esta posada de Daggerfall, pero originalmente procedo de la capital, Cyrodiil, que es un campo de batalla constante entre las tres facciones que luchan en Tamriel. Todo esto se debe a que el príncipe daedra Molog Bal está intentando invadir el mundo abriendo fragmentos de Oblivion para que los demonios entren…
– Eh, eh, Erika.- Interrumpió Jikan.Screenshot_20140430_162840
– ¿Qué?- Erika le miraba fijamente, nunca despegaba los ojos de Jikan, apenas parpadeaba.
– No he pedido que me soltaras un diálogo expositivo. Desde que he llegado aquí la gente no hace más que hablar y hablar sobre tal o cual región o costumbre. Hablando de… gente, ¿dónde está todo el mundo? Aquí sólo hay una mesa y tu careto.
– Se están cargando, es un bug. Pasa a veces.- Empezaron a aparecer más mesas. En unos segundos el bar estaba repleto de muebles, y gente que estaba de pie sin hacer nada.
– Y tu voz, Erika… eres la quinta mujer que encuentro con la misma voz.
– Sí, tengo la Voz Femenina Imperial Número 2. ¿Te gusta? Tú suenas como Khajiit Masculino.
– Eh, un poco de respeto. No sé si lo sabías, pero yo soy El Elegido.- El gato irguió su cabeza con orgullo.
– ¡Oh, qué ilusión, el Elegido! Justo tenemos en oferta La Botella de Vino del Elegido. Mira, está en la carta.
– Ah, sabíais que vendría. Claro, os habéis enterado enterado por La Profecía. Están por todas partes, estas profecías.- Jikan se sentó y se sirvió una copa- En Morrowind era el Nerevarine, en Skyrim era eso del “dragonborn”, y cuando estuve en Cyrodiil… uh… no sé si alguien recuerda el argumento de Oblivion, pero creo que también fui el Elegido allí.
– Sí, de hecho ya han pasado mil doscientos treinta y tres Elegidos por esta posada en las últimas 24 horas.
– ¿Perdón? No, el Elegido soy yo. Mira, deja que te cuente, empecé en una especie de cárcel espiritual y me encontré con un tipo llamado… el Profeta. Me contó que yo era el único que podía acabar con Molog Bal. Estoy convencido de ser el Elegido, cien por cien.- Jikan pegó un trago, se sentía un poco molesto.
– Ah, creo que no lo has entendido, Jikan. Verás, el Profeta le cuenta lo mismo a muchos.- Erika señaló a una elfa que corría en círculos entre las mesas, y que luego se quedó atascada en una pared.- Mira, esa sin ir más lejos es una elegida. ¿Y ves a este argoniano lagartijo que está de pie a mi lado?
– Lo veo, se llama DragonSaxxorZ69.
Screenshot_20140430_162812– Pues justo ahora le estoy soltando un diálogo expositivo largo y extendido sobre las leyes Imperiales en torno a la cría y matanza de cerdos.
– Pero si estás hablando conmigo.
– ¡Estoy hablando con ambos!- Erika abrió las manos de forma extraña, ¿qué tipo de gesto era ese? ¿Por qué todo el mundo se movía tan raro? Y tan exactamente igual.- Pues a ver, bonico, que ese lagartijo también es un Elegido.
– Espera, a ver si lo entiendo, Erika… la elfa es una Elegida, el lagarto es un Elegido, y yo…
– Tú eres el elegido Gato. No eres una raza muy popular, los Khajiit sin embargo tienen mucho éxito entre los seguidores de Mi Pequeño Pony.
– ¡Un respeto, Erika! Además, eres un Personaje no Jugable, sólo yo puedo hacer referencias metaficcionales. Ejem.- Se aclaró la garganta, le dio una calada a su pipa de skooma. Ya no le colocaba, nada en The Elder Scrolls Online tenía demasiado sabor o efecto.- Como iba diciendo, si todos somos los Elegidos, nadie es el elegido. He viajado por Tamriel y me he dado cuenta de que… todo lo que hacía no servía para nada. Si rescataba a una hechicera en apuros, me daba las gracias, y a los veinte segundos volvía a estar ahí, en apuros, y llegaba otro… Elegido y la volvía a salvar. Es como si todo el universo entero existiera en una especie de bucle temporal, es como El Día de la Marmota.
– ¿El Día de la Marmota?- Erika hizo el gesto de “no entiendo”. El mismo gesto de “no entiendo” que hacían todos.
– Perdona, era otra referencia metaficcional. Espera… espera… ¿estoy en un morropogo?- Erika no contestó. Hizo un ademán de decir algo, pero un bug le cerró la boca- Sí, joder, un Morropogo. Un Massive Multiplayer Online RPG. MMO. ¡¡¡MMMOOOOO!!! Ahora todo tiene sentido.
– ¿Qué quiere decir MMO?- Erika repitió el gesto de incomprensión.
– Quiere decir ciudades con carreteras exageradamente amplias, habitaciones vacías, gente corriendo de lado a lado en ropa interior… quiere decir narrativas poco satisfactorias, combates repetitivos, morir y resucitar una vez tras otra… ¡Todo tiene sentido!
– Pe… pero… pero Jikan, no tienes razón.- Protestó Erika- Yo mismo doy un par de quests de esas a los Elegidos y mis líneas de guión están trabajadas. No doy las clásicas misiones de “mata a treinta murlocs y tráenos sus ojos”. 
– Sí, vale, vale, eso es cierto, ¿pero de qué sirven las tramas si mis acciones no tienen consecuencias visibles? Si todo lo que hago es vacuo e inútil, si todo está cerrado en un tiempo circular donde miles de Elegidos vagan en círculos subiendo de nivel… arreglando una y otra vez los mismos problemas… ¿de qué me sirve que tengas una historia que contar? ¿En qué puedo ayudarte realmente? Todas mis acciones, todas mis palabras… son vacías. Mi vida está vacía. Y la tuya…- Jikan fue a por su botella de vino pero un bug la había hecho invisible. Pegó otra calada de skooma.
– … la mía…- a Erika le temblaba la voz. Supo que su existencia era insignificante. Lo había sentido desde que salió de Cyrodil. Las ciudades de Tamriel prometían mucho desde lejos, coronando el paisaje con torreones y murallas. Pero cuando llegaba a las poblaciones, encontraba puertas cerradas, casas vacías, y montones de Elegidos invocando caballos que aparecían de la nada.- Mi vida es aún más vacua que la tuya, Jikan. Tú eres Sísifo, repitiendo una y otra vez una actividades inútiles. Pero yo soy Tántalo, encerrada, escuchando promesas de todos los Elegidos, promesas que nunca se cumplen, sueños inalcanzables.
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– Nos estamos poniendo trascendentales, Erika. Por cierto, la mitología griega también cuenta como referencia metaficcional.- Jikan ofreció skooma a Erika. A ella sí le colocaba.
-Pero entonces…- Prosiguió Erika con voz temblorosa- … si nada tiene sentido, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué me importa morir? Devuélveme a Cyrodiil, quiero ver la Ciudad Imperial una vez más antes de quitarme la vida.
– No puedo, Erika, Cyrodiil es un constante campo de batalla. Hay catapultas, murallas, y cientos de elegidos corriendo por todas partes lanzando hechizos de área.
– ¡Suena interesante, Jikan! Suena como el lugar ideal para morir.
– Sí, bueno, es lo mejor de Tamriel en estos momentos, de eso no hay duda. Un campo de batalla gigante donde todo el mundo es el Elegido que lucha contra otros Elegidos para… controlar un pedazo de tierra que, en el fondo, es inconsecuente. Porque la guerra allí es también un ciclo constante. Otra espiral de insignificancia.- Jikan intentó agravar la voz al máximo para citar con solemnidad de Césare Pavese. – Es como escuchar un labio cerrado, y descenderemos al abismo… mudos, mudos.– La cita no pintaba demasiado, pero Erika era inculta y seguro que aquello la impresionaba.
– ¡Llévame! ¡Quiero salir de aquí!
– Lo siento.- Dijo Jikan con su máxima voz de macho.- Pero no tienes nivel diez…
– Pero y qué importa… tenemos libertad, Jikan, podemos ir donde queramos. Tamriel es enorme, coge tu caballo y ve a Elsewyr. ¡Regresa a casa!
– No, yo no pude salir de Daggerfall hasta que alcancé el nivel seis. Y Cyrodiil está prohibido hasta el diez. No somos libres, nuestras vidas están linealmente determinadas a través de una serie de mapeados reducidos que no consiguen ofrecer ninguna sensación de continuidad o magnitud, y refuerzan la impresión de que vivimos en un universo separado por largas pantallas de carga.
– Eso que has dicho es muy profundo, Jikan.
– Lo sé. Tengo el don de ser tremendamente misterioso y sensual. Hago análisis exhaustivos de cada lugar que visito. Este está lleno de bugs.
– Pues yo echo el mejor insecticida.
– Jajajaja, Erika, ja-ja-ja. Ese tipo de retruécanos me cabrean.- Jikan le miró con odio- Y como eres inconsecuente, te mataré aquí mismo.- Jikan sacó su espada y cruzó a Erika, pero a ella no le dolió. La espada la atravesó como si fuera un holograma. Jikan gruñó.
– Joder, he olvidado que no puedo matar a personajes repelentes, esto es un MMO. Parece que estamos condenados a la mundanidad eterna.
– ¡Esto es horrible! ¡Que alguien me libere!- Exclamó Erika, consciente de su inmortalidad e insignificancia.- ¿Qué Dios indolente condena a su creación a semejante existencia? Todo es tan trivial, tan superfluo, todos están vacíos, ¡Todos estamos vacíos! Nada significa nada, todo está recubierto por la patina de la mundanidad.
– He oído que quieren arreglar los bugs.- Jikan intentó quitarle hierro al asunto.
– ¿Y qué me importa? Estamos jodidos, jodidos a un nivel fundamental.
Screenshot_20140430_163312– Cierto, Erika, cierto. Es la naturaleza misma del género. Pretenden echar una gran fiesta e invitar a todo el mundo, pero al final pasa lo de siempre, la fiesta fracasa, una vez se corre el velo nos damos cuenta de que detrás no hay nada. Sólo gris. Es como mascar papel.Erika se echó a llorar. Abrazó a Jikan, con el mismo gesto con el que todos los personajes de aquel universo abrazaban. La animación falló y le atravesó el pecho con las manos. Estaba desesperada. Jikan se sintió conmovido, era la primera vez que oía llorar a Voz de Mujer Imperial número 2. Pero pronto se dio cuenta de que todo eso era falso. Ella se olvidaría de la conversación, y volvería a ofrecer misiones a todos los Elegidos hasta que Bethesda quitase el enchufe del último servidor y la condenara al olvido absoluto.- Erika, me desconecto.
– ¡No me dejes sola!
– Me voy.- Jikan ya había abierto el menú del juego.
– Pero si ni siquiera has pagado las bebidas.
– Pues no pienso volver a conectarme. En serio. Que pague otro. Que le den por el culo al Profeta.
– Pero… ¡eres el Elegido! – Erika extendió su mano mientras el Khajiit se disolvía en el aire. Un mensaje apareció delante suyo.

Jikan se ha desconectado.

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