The Vanishing of Ethan Carter- Agárrame esos fantasmas

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Este 2014 no ha sido especialmente impresionante en materia de videojuegos. Estamos casi a final de año y todavía no había encontrado nada que me llamase especialmente la atención. Los amantes de los juegos de aventuras como un servidor solemos depender del trabajo de Telltale Games, que este año ha estado por debajo de las expectativas, y Double Fine Productions todavía nos tiene esperando esa maldita segunda parte de Broken Age que parece que llegará el día del juicio final después del desayuno. Menos mal que ha llegadoThe Vanishing of Ethan Carter, un breve juego de exploración que se concentra en ofrecernos una ambientación magnífica y una trama vaga y misteriosa.

The Vanishing of Ethan Carter ha sido definido por muchos de sus detractores como “un simulador de paseos”, que es el insultante nombre que se utiliza para definir a otros juegos como Dear Esther, Gone Home o The Path; obras mucho más concentradas en la ambientación y la narrativa que en ofrecernos un reto. Debatir si se trata o no de juegos me parece una soberana estupidez: tratar de encorsetar el concepto de videojuego en una serie de esquemas sólo puede llevarnos por mal camino, inhibiendo la experimentación y reduciendo el este medio que tanto amamos. En todo caso, no, este juego no es “un Dear Esther de esos”, y aunque la influencia del juego de The Chinese Room es más que evidente, The Vanishing of Ethan Carter también tiene muchos elementos en común con clásicos como Myst. El juego nos lanza sin mayor explicación en un escenario enorme que podemos recorrer de lado a lado sin ni una sola carga, y nos presenta una serie de puzzles y enigmas que debemos resolver. Si bien la dificultad de los mismos es mínima, este juego exige más del jugador que un “simulador de paseos”, y sin embargo el paseo es precisamente una de las partes más asombrosas.

ethan6-1920x1080El escenario es impresionante a todos los niveles. El apartado técnico es fantástico, e incluso mi viejo ordenador del año 2007 puede correr el juego con fluidez en calidad media a pesar de estar por debajo de los requisitos mínimos. Pero como siempre, la calidad visual del juego no depende tanto de los megapolígonos hipertexturizados como del diseño artístico, y es en este sentido donde el juego brilla por encima de la media. Pasear por Red Creek Valley es una auténtica gozada, todo está cuidado hasta el más mínimo detalle: los colores, los sonidos, las luces… cada lugar tiene su propia identidad, y todo está impregnado de una atmósfera fantasmagórica que ayuda a reforzar los elementos sobrenaturales de la historia. Nuestro protagonista se llama Paul Prospero, y como el hechicero shakesperiano del que recibe el nombre, también posee poderes paranormales, que le otorgan visiones del pasado. De esta manera vamos reconstruyendo la misteriosa desaparición de Ethan Carter, un joven escritor de historias de terror. Sin ánimo a desvelar la trama, vale decir que las influencias de Lovecraft son evidentes, y la forma vaga en que se presenta la historia la deja abierta a múltiples interpretaciones. Gracias a un cuidado trabajo de escritura, el relato nunca cae en la vulgaridad y la obviedad, y hace uso de todos sus elementos de forma armónica.

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Encontrar juegos de este género y calidad no es fácil, y realmente hay pocas cosas en The Vanishing of Ethan Carter que pueda criticar. Sólo hubo dos momentos aburridos en las cinco horas que pasé en Red Creek Valley. El primero e inevitable son las minas, que incluyen una sección laberíntica con elementos de sigilo que no aportan nada a la trama y no hacen más que alargar la experiencia innecesariamente obligándonos a recorrer los mismos pasillos durante cuarenta minutos. El segundo fue al final: una vez llegué al lugar en que acaba el juego, este no me podía mostrar su final porque había pasado por alto uno de sus puzzles. El primero de todos. De tal forma, tuve que volver al principio del juego, resolver el puzzle y recorrer el larguísimo camino de vuelta (minas incluidas) para ver la resolución de la historia.

Pero todo esto no desmerece en modo alguno del conjunto final. Este juego es una de esas raras maravillas que salen una o dos veces al año, y que demuestran el potencial de este medio para la expresión artística y narrativa. Es un mundo en el que vale la pena perderse, y sólo la simple actividad de pasear por él es un goce… pero sí, haces algo más que pasear.

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