Como escribir una columna en el ABC en tres pasos

Señores y señoras, saben ustedes que no suelo escribir sobre asuntos políticos. No porque ensucien (que ensucian), sino porque siempre le he tenido una cierta manía a los Grandes Opinadores cuya misión es Ponderar y Ponderar hasta que les demos la razón, por cansinos. Me cuesta llegar al final de muchas columnas de opinión- da igual si son de izquierdas o de derechas- por esa manía que tienen los columnistas de tomarse en serio a sí mismos, como si el hecho de que les paguen por esputar imbecilidades y obviedades en un periódico los convirtiesen en Marco Fabio Quintiliano.

Pero hay cosas que ningún caballero debería aceptar. Una de ellas es que le jodan la defecación mañanera. Contra lo que tiende a opinar la masa inculta y aborregada, cagar no es un acto sucio, sino todo lo contrario: es acción purificadora. Expulsamos la corrupción del interior de nuestros cuerpos, y después nos sentimos más ligeros, más energéticos, más capaces. Pero de nada sirve expulsar la mierda del cuerpo si dejamos que entre en la mente, la cual lamentablemente no tiene ano, pues sería genial poder expulsar todas las gilipolleces que leemos, escuchamos y vemos en nuestra vida diaria. Por desgracia la única defecación mental es el olvido, y me va a costar olvidar este infecto artículo publicado ayer en ABC.

Nunca he leído a Juan Manuel de Prada, y francamente no tengo el más mínimo interés en saber qué me cuenta el Planeta en sus fantabulosos libros, que seguro están llenos de palabras muy rimbombantes e ideas profundísimas (es imposible ganar el premio Planeta siendo mal escritor, como todo el mundo sabe). Pero este artículo, ay madre mía, virgen santísima, Jesucristo Super-estar, es de lo más vomitivo que le he leído jamás a la caverna mediática de esta unidad de destino en lo universal que llamamos Ejpaña. Entiendo que el ABC es un periódico lleno de retrógrados y pelotas, pero este nivel de racismo desvergonzado es más propio de los desvaríos de un fascista de los años 30 que de un escritor al que se le presupone cierta cultura. Sí, me ha indignado. No debería escandalizarme, como joven hipstérico del siglo XXI que ve series de HBO y lee a Palahniuk, mi deber es estar situado en el absoluto cinismo por encima del bien y del mal. Pero no, el espíritu es débil. Así que aquí viene… ¿quieres ser un columnista del ABC? Deja que te enseñe cómo funciona.

31  Juan Manuel de Prada después de comerse a un africano

1- Expón un argumento de mierda.

Esto es lo básico: toda columna requiere una argumentación de algún tipo. Se suele reservar esta conclusión para el final, pero es la esencia de todo el artículo. En este caso, parece que el argumento es el siguiente: “si quieres que el rey Baltasar sea un negro, quizá lo más coherente sería coger a un inmigrante de Melilla e invitarlo a tu comida de reyes, y si le toca el haba en el tortel de reyes no se lo hagas pagar, que tú eres progre”. Cualquiera con medio hemisferio cerebral izquierdo es capaz de entender que esto es un Argumento de Mierda (AdM en adelante). ¿Exactamente qué relación existe entre querer evitar algo tan claramente racista como un blackface e invitar a comer a un sin papeles a tu casa? En nada. Pero queda genial, es muy rompedor, es una variación racista de aquel queridísimo “si eres tan comunista, ¿cómo es que no das todo tu dinero a los pobres?“. La diferencia es que mi abuela no cobra por escribir en un diario de tirada nacional.

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Pero su cocina bien merece un espacio en TVE.

2- Pero haz que parezca didáctico.

Claro que tu AdM no va a funcionar solo, habría que ser un completo gilipollas para darle validez a este argumento. Pero ah, ¿y si le damos asín un poco de altura cultureta? Es clave que tu artículo sea un poco didáctico, para que el lector entienda que tú sabes más cosas que él y que, por tanto, tu AdM debe ser considerado. En este artículo John Manny of Prairie cuenta un poquito de todo, primero nos deslumbra con un tal Haile Selassie – un nombre complejo que sólo alguien inteligente podría recordar- y el hecho de que parece tampoco era muy negro, al menos según un tal Julio Camba. Vaya, ¡Cuántas cosas estoy aprendiendo hoy! Que resulta que era de raza amhárica, que eso no es negro, si acaso un poco morenito. Estoy seguro de que el autor este debe saber un montón de anécdotas históricas impresionantes que me dejarían a la altura del betún.

Pero hay más; resulta que Julio Camba anduvo también por Inglaterra, más o menos en la época en que te apedreaban si eras un puto pelirrojo irlandés rompepatrias. Isabel II no era reina, los Beatles ni habían empezado y no se había estrenado Doctor Who, vamos, que era un país de mierda. Y que un amigo suyo le dijo que para él todos eran negros. Fin de la cita. ¿Conclusión? No sé, que en realidad todos somos negros porque Julio Camba tenía un amigo racista. Algo así.

Da igual, hay que rellenar la columna y nos sigue contando cosas de persona que ha leído: que si la canonización de San Martín Porres, que si los Reyes Magos no eran reyes ni magos y venían de la conchinchina, que si eran despistados y se dejaban la luz encendida al salir de sus palacios, que si los intelectuales se dedicarían a matar bebés por orden de Herodes, qué sé yo. He aprendido que existe algo llamado raza amhárica que debe ser una gran palabra si el corrector de Word no la entiende.

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¿Bing Crosby o un negro con sombrero de copa? ¡Imposible notar la diferencia!

3- Remátalo con una cita.

Ah, el momento que has estado esperando. Es el momento de usar esa cita que has encontrado en proverbia.net o en Wikiquote. Como bien dijo William Shakespeare, “here art thou con un montón de citas mías que puedes usar para tu shitty article”. Tu AdM puede funcionar si usamos palabras ilustres de alguien que nos suene un poco, no como Haile Selassie. Juan Manuel de Prada ha encontrado una cita de Fjodor Dostoievski, cuya opinión sobre los negros como ruso decimonónico es sin duda alguna extremadamente relevante al contexto del artículo. “Amo a la negritud; pero, para gran sorpresa mía, cuanto más amo a la negritud en general, menos amo a los negros en particular”. Así, flotando fuera de contexto, no acabo de entender qué coño significa esta frase, pero yo no soy suficientemente inteligente ni tengo paciencia para Los Hermanos Karamazov. Me parece que “la negritud” se refiere a algo así como tocar los bombos, deformarse los lóbulos, cazar leones y hacer chozas con excrementos de vaca. Todo eso es encantador, es una pena que luego los negros nos decepcionen exigiendo que no los tirotee la policía americana.

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¿Dos ediciones distintas de Twin Peaks? Este tío debe ser un genio.

Ya está. Ya tienes tu artículo. Envíalo al ABC y pronto tendrás tu propia columna, con tu cara de babosa contra un fondo blanco. Dile adiós a ser pobre: ante ti se abre un prometedor futuro lleno de canapés, tertulias televisivas y premios Planeta. ¡Felicidades!

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